El regalo

El regalo mas grande no es el que mas vale, ni el oro es mas que el agua. A veces te llegan regalos desde la mayor de las humildades, que, sin embargo, tienen rango de faraón. Son gestos del que poco tiene y que lo hacen enorme. Brazos abiertos en un mundo de brazos cerrados. Sonrisas escondidas y ojos esquivos que sabes que te están agradecidos. Las gracias las doy yo.

 

 

 

13 de abril

13 de abril.

Mar y un pilar indestructible.

La vida y la muerte.

 

El presente y el futuro frente al pasado que nunca se irá.

Lágrimas, malditas lágrimas que borraron sonrisas.

Labios sellados.

Sonrisas que vuelven despacito, sonrisas escandalosamente eternas.

 

La fuerza, la inspiración, el recuerdo.

Un año más, un año después.

El todo y la nada.

Sentimientos encontrados.

 

La vida y la muerte.

Mar y un pilar indestructible.

13 de abril.

Para vivir

Para vivir necesito tener la mirada limpia, las manos llenas de vida y una vela que encender todas las noches.

Una casa llena de luz, con ventanas, muchas ventanas por donde pase el aire y se lleve lo malo, que remueva lo regular y deje lo bueno. El aire es muy inteligente.

Además, un bolígrafo azul y una libreta en blanco para dejar que vuelen las palabras, los dibujos o la nada.

Para vivir necesito tocar, acariciar y besar. Rozar la piel que deseo, erizar su vello y morder. También es necesario morder.

Algunas plantas que regar todos los días, plantas que a veces se pongan mustias y que otras, resplandezcan. Plantas a las que les hable todos los días y les pida su mejor fruto.

A veces no hacer nada. Poner música triste y cerrar los ojos. Callarme, escuchar el silencio o los gritos de algún niño, algún vecinillo que viva despreocupado.

¡Mancharme de harina! ¡Eso me encanta! Llenarme las manos de harina y amasar un ratito mientras escucho mi viejo disco de Concha Martínez Piquer. ¡Qué placer!

Para vivir necesito estar vivo y querer estarlo. Mirarme todos los días y darme besos. Escribir cosas bonitas en ese espejo y escuchar música, más música, esta vez alegre.

Necesito tantas cosas, o quizás sean pocas. No sé.

 

Silencio

Hay silencios necesarios,

silencios reconfortantes.

Hay silencios llenos de alfileres,

silencios cargados de dudas.

Hay silencios que hablan,

silencios que te hacen más grande.

Hay silencios que te hacen dar pasos,

silencios plagados de vida.

Hay silencios ensordecedores,

silencios para seguir hablando.

La Amatista

Atalaya de calma.

Horizonte interminable.

Lugar donde viven los sueños.

Sol que nunca muere.

Viento eterno que azota y acaricia.

Carretera al cielo.

Edén en la tierra.

La morada de mis cenizas cuando falte.

 

(El Mirador de la Amatista se encuentra en el Parque Natural de Cabo de Gata – Níjar a escasos kilómetros de la localidad minera de Rodalquilar)

 

 

Calblanque

Mar eterno

que se funde con el cielo.

Esquina dorada

de arena fina.

 

Olas que rompen

llenas de  vida.

 

Naturaleza que nace

cada primavera.

Veranos de sol eterno

y noches de luna llena.

 

Paraíso para perderse

universo para encontrarse.

 

 

 

 

 

 

Sangre en la tierra

Tierra teñida de marga,

mar cubierto de negro.

 

Rojo puro por las veredas,

lápidas rotas en el firmamento.

 

Niños sin padre, viudas sin nada,

dinero en bolsillos ya llenos.

 

Manos plenas de vergüenza,

ojos abiertos que no vieron.

 

Hablo de la Sierra Minera,

tierra inerte,

llena de lamento.

 

(A la Sierra Minera de La Unión. A los que perdieron la vida en las entrañas de la tierra. A las viudas, a los huérfanos. A los mineros que malvivieron bajo el yugo de los patrones. Al pasado de un pueblo y a su futuro).

 

 

 

 

 

 

 

El Cabo

Mar que se funde con el cielo.

La calma y la furia.

Sol que abrasa, que acaricia.

El padre de los azules, la madre de la luz.

Arrecife que sueña con sirenas.

Piedras teñidas de puro blanco.

Línea infinita donde juegan las olas.

Salinas preñadas de vida.

El cabo que guarda mil sueños.

 

 

El mar del norte

Llegué herido a ese mar.

Me lancé al vacío de sus olas.

Busqué su fuerza para borrar mi rabia.

Golpeé mi cuerpo contra la arena.

Dejé que su sal curase mis heridas.

Abandoné mis pensamientos en una taberna lejana.

Conduje por carreteras olvidadas.

Me perdí para volver a encontrarme.

Vislumbré mi norte que vino del sur.