Junto al árbol

 Junto al árbol. A pocos metros está ese banco. Ahí sigue. Esperándome, esperándoos, todos los días. Impertérrito, lleno de vida o desnudo. Lo veo cada mañana al pasar aunque rara vez me siento en su raída madera. Prefiero imaginar.

Mientras transito a su abrigo suelo pensar en los abrazos que habrán derramado sobre él, las lágrimas que habrá soportado. Ojalá pudiera hablar, sonreír, entristecerse o contarnos toda su existencia. Desde aquellos días que fue árbol, lleno de hojas que iban y venían al compás del viento hasta la última historia que ha presenciado. ¿Qué pensará de mi cuando paso…?

Quizá crea: Ahí viene de nuevo ese tipo, triste y aburrido. Ese que nunca se sienta en este pobre banco, que nunca me cuenta nada pero que yo sé que me mira y quiere saber más de mi y mis historias. Pero no, no las va a saber nunca. Igual el día que decidas venir a visitarme y sentir el aire fresco que corre a mi vera ya no estoy.

¿Y si cuándo quiera sentarme en él ya no está?

 

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