Columnas de hastío

 La paz del parque termina en su puerta norte. Los tonos ocres y anaranjados de las hojas caídas se funden a negro con el asfalto de la ciudad. El enorme portón de hierro limita la tranquilidad de la urgencia. Te trasladas a miles de kilómetros en apenas unos centímetros.

Miradas perdidas, hombros caídos a los pies de columnas de hastío y pantallas luminosas. Anonimato y lejanía, soledad. Podredumbre en los ojos machacados por el picotazo de oscuros cuervos, que vigilantes, planean buscando nuevas víctimas. Alcantarillas de boca enorme que se tragan cualquier atisbo de futuro, verdugos con traje y corbata. Ruido e indiferencia entre lustrosos amasijos de hierro.

Guerra sin armas para dejarte rendido y morir engullido por la prisa. Certidumbres que te arrastran a lo oscuro. En la ciudad todos somos iguales, todos somos nada. Nadie mira a nadie.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s