Huir no es de cobardes

 La ciudad me aturde por momentos. Paseo por el limbo mientras busco complicidades en cada esquina que recorro. La hostilidad de la prisa y los neones provocan que busque calles poco transitadas y en ellas la soledad escogida. Al fondo de un callejón desconocido encuentro una pequeña taberna con una sola silla y una sola mesa en la calle. A su lado hay un muro agujereado lleno de graffitis por el que entra el sol.

La sensación de vida vuelve a mi lado. Pido una cerveza y de mi vieja mochila saco mi cuaderno, un lápiz y mi goma. Huyo, porque huir no es de cobardes. La huida es una necesidad diaria para reencontrarte y decirte las verdades, para escribir y dibujar tus nimiedades. Se acaba mi cerveza, mis palabras y me quedo mirando la luz del sol. Cosas triviales ocupan mi mente y sonrío.  Ha vuelto el sol.

 

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