Los rayos de la tarde y una playa

 Me encanta perderme con los últimos rayos del día. Tiñen todo de un tono amarillo anaranjado que da un brillo especial a la vida. Hace unos años era adicto a aquel camino de tierra junto al mar y a su baño de sol vespertino. Rara era la tarde que no me dejaba caer por allí. Años más tarde, el destino me alejó de él y de ese trocito de playa rodeada de montañas rojizas que sigo adorando.

Alguna vez he vuelto pero prefiero guardar aquellos ratos en el recuerdo. Mi mente no me deja pasear ni correr de nuevo por aquellos montes, por aquellas playas. La memoria es muy caprichosa y creo que guarda en un cofre dorado los momentos bonitos y no los libera hasta que estés preparado para volver a vivirlos, con tanta o más intensidad de la que ya fueron vividos.

Se llama Puntabela y a pesar de la distancia que he puesto con ella sigue siendo un rincón único donde volveré a perderme algún día.

 

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