¿En qué miedo te diste cuenta de que eras valiente?

¡Qué pregunta! ¡Qué forma de mirarse a uno mismo! ¡Brutal!

No sé si soy valiente, no sé si soy poca cosa. ¡Qué importa! Sólo sé que he salido de muchas miserias, como vosotros lo habréis hecho de las vuestras. Porque todos, todos las tenemos, las tendremos.

En los lodos, cuando los ojos no te permiten ver la luz, cuando tu cerebro es un amasijo de nadas. Ahí, ahí es cuando estás contigo mismo y cuando empiezas a renacer.

A veces hay brazos que te abrigan (gracias a los que han estado a mi lado, gracias eternas, gracias miles). A  veces no hay nada, ni nadie. A veces provocas una soledad destructora para construir desde ella.

De pronto, un día el sol vuelve estar allá arriba, con nuevos miedos, nuevos lodos. Y tú volverás a estar ahí, frente a ellos. Los miedos están para eso, para derrotarlos. Recuerda siempre tu valentía, cuando no seas nada. Recuerda quien eres y donde dejaste guardadas tus ilusiones.

 

 

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