La prisa

Un día en un lugar muy lejano, me encontré un hombre sabio sentado en una humilde tienda de una olvidada calle. Al verme correr de aquí para allá y no detenerme en nada, me dijo: “Amigo, la prisa mata”.

Y es verdad. Nos mata. Lentamente. Dejamos de ver lo que nos rodea, lo cercano, lo que nos hace felices. Miramos más allá de la frontera de nuestras miradas y perdemos el tiempo en ello, en cosas estériles, muy lejanas.

Olvidamos lo que tenemos al lado y vamos muriendo. Poco a poco. Agonizando entre prisas absurdas, ojos cerrados y corazones que no laten. Nos convertimos en autómatas, en portadores de ausencia. En nada.

Es verdad. Amigos, la prisa mata.

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