25 de diciembre

Cierro los ojos.

Me vienen a la mente aquellos 25 de diciembre.

Llegan cargados de nostalgia y de sonrisas, de alboroto e ilusión.

Es Navidad y todos estamos juntos en el templo de nuestra familia.

El abuelo Gabriel siempre cercano, cariñoso pero firme, recto.

La abuela Lola diligente, solícita, austera.

Niños y niñas que no paran, que entran y salen. Sonrisas, lágrimas, juegos sin fin, peleas, petardos que explotan en la puerta de la casa, calor al abrigo de la estufa.

Padres y madres, tías y tíos. Unión y ganas de comerse la vida.

Cartas, bingo, sidra, polvorones, roscos de vino.

Aquellos 25 de diciembre siguen aquí, ahora y siempre.

Hoy, muchos años después, con ausencias, con nuevas sonrisas y nuevas ilusiones vuelve a ser 25 de diciembre.

Esta tarde correrá la sidra, los mantecados, los suspiros, el bingo y todo volverá a ser como aquellos 25 de diciembre. Muchos años más tarde, distintos, pero iguales.

Feliz Navidad y un beso al cielo.

 

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